El dicho “si la vida te da limones, aprende a hacer limonada” cae como anillo al dedo a la hora de hablar del platano.
Especialmente en los paises que por anos fueron senalados como “republicas banana”, dependientes principalmente de una produccion agricola casi reducida al platano, a veces regidos por gobiernos tiranicos, corruptos y enriquecidos a costa de sus pobladores, e influenciados politicamente por grandes firmas estadounidenses, duenas de los terrenos productores de la fruta.
Ese termino peyorativo se aplico a paises como Honduras, Colombia, Costa Rica, Cuba, Jamaica, Nicaragua, Panama, Republica Dominicana y Guatemala, principalmente, aunque el platano se produjera en practicamente todos los paises centroamericanos, caribenos y suramericanos.
Si bien por decadas la historia politica y de violencia de varios de aquellos paises giro alrededor de los cultivos, las generaciones que la sufrieron aprendieron que si la vida les daba platanos, habia que aprender a comerselo.
Y el gusto crecio por el platano fresco, asi como tostones, maduritos, tajaditas, platanitos en dulce, maduritos con queso y bocadillo, patacon pisa’o, platano relleno, patacon con todo, tortas de platano, sopa de platano…
Se las ingeniaron incluso para usar la hoja de platano en la parrilla, como plato, para hornear alimentos y para envolver tamales, cuajada de leche y bocadillos de guayaba.
Hasta a la flor le encontraron el gusto.
Mientras en Costa Rica comen la “chira” (flor del platano) recien extraida de los petalos o la preparan en picadillo con cebolla y tomate, hay quienes la consumen acompanada de cuajada para calmar los dolores menstruales.
El platano (banano, harton, cambur, topocho o guineo), originario de Asia, se convirtio entonces, con sus variedades y su versatilidad, en un hilo conector entre la historia ancestral y la tradicion culinaria de los hispanos.
Por lo mismo, asi como en Estados Unidos hablar de comfort food es referirse a los “pies”, las cacerolas de habichuelas y el pure de papa con gravy, para los hispanoamericanos el platano en cualquiera de sus preparaciones forma parte de esa tradicion culinaria en la que la fruta es uno de los protagonistas.
“Es como un sello. Lo comemos en sopas, sancochos o tajados, es lo mismo que las papas o el arroz, lo consumimos todos los dias”, dice el chef puertorriqueno Sigfredo Gonzalez, dueno del restaurante Borinqueya en Davie. “En Navidad tiene especial significado, pues es cuando toda la familia se reune para hacer alcapurrias y pasteles, y otras cosas ricas”, claro aparte del tradicional mofongo, uno de los platos estrella de su restaurante.
Historias semejantes se repiten en todos los hogares hispanos, gracias al platano.
Yo, por ejemplo, aprendi de mi padre que un banano con un vaso de leche es el mejor tentempie para un dia de afanes. De mi abuelita recuerdo que la sopa de platano guineo -aparte de deliciosa- es la mejor cura para la diarrea.
Experimentando encontre que la mezcla de un huevo batido y un platano maduro cortado en cuadritos y sofrito da como resultado una torta casi adictiva. En otras cocinas me deleite con el madurito al horno con queso doble crema (mozzarella) y bocadillo. Y, claro, como cualquier otro hispano que se respete, disfruto de los tostones -crocantes y rociados con sal- tan comunes a nuestra herencia culinaria.
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